{"id":611,"date":"2026-08-28T10:00:56","date_gmt":"2026-08-28T13:00:56","guid":{"rendered":"https:\/\/redsocial.com.ar\/?p=611"},"modified":"2026-08-31T16:49:54","modified_gmt":"2026-08-31T19:49:54","slug":"la-gente-no-va-a-usar-internet-en-una-esquina-de-belgrano-con-10-computadoras-fundo-el-primer-cibercafe-de-la-argentina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/redsocial.com.ar\/?p=611","title":{"rendered":"El primer cibercaf\u00e9 de la Argentina"},"content":{"rendered":"<p>\u201cLa gente no va a usar internet\u201d. En una esquina de Belgrano, con 10 computadoras, fund\u00f3 el primer cibercaf\u00e9 de la Argentina<\/p>\n<p>\u201cA m\u00ed me gusta hacer cosas originales. Soy innovador y quiero hacer cosas para que le sirva a la gente\u201d. As\u00ed se define Jorge Avaca, y su historia como emprendedor en la d\u00e9cada del 90 lo avala.<\/p>\n<p>En esos a\u00f1os, el servicio de internet en la Argentina era incipiente y precario. De hecho, seg\u00fan encuestas del Indec, en 1995 hab\u00eda cerca de 15.000 usuarios en el pa\u00eds. Los costos eran altos, las velocidades, lentas, y la conexi\u00f3n, monopolizada por la empresa Startel, que manejaba Telef\u00f3nica y Telecom.<\/p>\n<p>En ese contexto, y en ese mismo a\u00f1o, Avaca, siguiendo al pie de la letra su autodefinici\u00f3n, decidi\u00f3 abrir el primer cibercaf\u00e9 de Latinoam\u00e9rica. Fue un alboroto: se ubicaba en Belgrano, en la esquina de Maure y Luis Mar\u00eda Campos. Aparecieron los medios radiales y televisivos, que se sumaron a la gente que quer\u00eda probar y entender eso que, en el momento, era toda una novedad.<\/p>\n<p>A pesar del desconocimiento generalizado, del cual Avaca no estaba exento, \u00e9l contaba con una ventaja: hac\u00eda 10 a\u00f1os que era due\u00f1o de una cafeter\u00eda en Paseo Alcorta y eso le daba experiencia en el rubro gastron\u00f3mico. Ah\u00ed empez\u00f3 a nacerle la idea de un nuevo caf\u00e9: \u201cHab\u00eda puesto un revistero, y me di cuenta de que la gente le\u00eda mucho las revistas, los diarios. Se sentaba en el shopping, en el medio del patio de comidas, y se la pasaba leyendo. Entonces me dije que ten\u00eda que hacer algo diferente. Un bar: \u2018Yo quiero hacer un bar diferente, donde la gente tenga algo para distraerse\u2019\u201d. Ten\u00eda 30 a\u00f1os y una visi\u00f3n.<\/p>\n<p>Su primera idea, aunque no era exactamente la del bar que desarroll\u00f3, se le parec\u00eda. Primero compr\u00f3 una computadora y aprendi\u00f3 a usar Windows, el sistema que, como todo lo dem\u00e1s, reci\u00e9n empezaba. Tom\u00f3 cursos y lo decidi\u00f3: iba a poner a disposici\u00f3n de los clientes cuatro o cinco computadoras que tuvieran acceso a bibliotecas digitales y, en particular, a la enciclopedia Encarta, que conten\u00eda art\u00edculos, im\u00e1genes, videos, y m\u00e1s herramientas de estudio: \u201cPens\u00e9, bueno, la gente por lo menos va a poder investigar\u201d.<\/p>\n<p>Con esa intenci\u00f3n inicial, empez\u00f3 las obras para remodelar el nuevo local. Pero el proyecto no tard\u00f3 demasiado en mutar, en agrandarse. Fue en uno de esos cursos de computaci\u00f3n que un profesor amigo le sugiri\u00f3 que en vez de dar acceso a la Encarta, pusiera internet. \u00c9l le pregunt\u00f3 lo mismo que mucha gente: \u00bfQu\u00e9 es internet?.<\/p>\n<p>El profesor sac\u00f3 una revista americana de computaci\u00f3n. Hab\u00eda una nota, en ingl\u00e9s, que contaba sobre la apertura del primer bar con internet en Nueva York. Ley\u00f3 ah\u00ed mismo que las personas se conectaban unas con otras a trav\u00e9s de las computadoras, que se pod\u00eda acceder a informaci\u00f3n de otros pa\u00edses. \u201c\u2018\u00a1\u00bfEn serio?!\u2019, le dije yo. A las 48 horas estaba en Manhattan. Me tom\u00e9 un avi\u00f3n y lo primero que hice fue ir desde el aeropuerto al local ese, que de hecho estaba lleno de gente. Era peque\u00f1o. Ten\u00eda cinco o seis computadoras. Y me dije: \u2018Bueno, esto tengo que hacer en la obra del bar\u2019. Volv\u00ed y me puse en campa\u00f1a&#8221;, detalla.<\/p>\n<p>Fue una inversi\u00f3n importante: US$200.000 solo para remodelar el lugar. No le quedaba mucho excedente para equiparse con las computadoras, as\u00ed que decidi\u00f3 ir directamente a las empresas. Se acerc\u00f3 a Compaq, Acer, IBM. Lleg\u00f3 a Hewlett-Packard (HP) y lo recibi\u00f3 la presidenta de la compa\u00f1\u00eda. La reuni\u00f3n dur\u00f3 cinco minutos. Ella le dijo sin rodeos: \u201c\u00bfVas a poner un cibercaf\u00e9? Yo s\u00e9 lo que es, me encanta. Quiero apoyarte, as\u00ed que te doy lo que necesites&#8221;. As\u00ed lo relata Avaca hoy.<\/p>\n<p>Hizo el acuerdo y accedi\u00f3 a 10 computadoras. Alguien de la empresa, no est\u00e1 seguro qui\u00e9n, le coment\u00f3 a un amigo periodista, que trabajaba para LA NACION, sobre su proyecto. Le hizo una nota que lleg\u00f3 a la tapa un 27 de noviembre de 1995, poco antes de la apertura oficial. El d\u00eda que sali\u00f3 publicada, Avaca viajaba en un taxi cuando lo llam\u00f3 un amigo de entonces, Mart\u00edn Cabrales, desde el aeropuerto: \u201cMe dice: \u2018Saliste en el diario La Naci\u00f3n, que inaugur\u00e1s un cibercaf\u00e9\u2019. Enseguida le ped\u00ed al taxista que frenara en el kiosco. Compr\u00e9 un diario, que todav\u00eda era formato s\u00e1bana, y lo primero que hice fue abrirlo y empezar a buscar la nota. No la encontr\u00e9. As\u00ed que lo cerr\u00e9 y lo apoy\u00e9 sobre mis piernas, y ah\u00ed estaba, en la tapa, la foto del primer cibercaf\u00e9\u201d, cuenta.<\/p>\n<p>La noticia se propag\u00f3 r\u00e1pido, pero el desconocimiento sobre ese rubro segu\u00eda dominando a los vecinos. Poco antes de terminar las obras en el local, por ejemplo, el due\u00f1o de la ferreter\u00eda en donde iba a comprar los materiales le coment\u00f3: \u201cMe enter\u00e9 de que vas a poner computadoras con internet. \u00bfQu\u00e9 es internet? Ac\u00e1 en el barrio est\u00e1n todos enloquecidos&#8221;. Fue una frase que se recuerda divertido: \u201cTodo el mundo estaba tratando de entender qui\u00e9n era el loco ese que iba a abrir el caf\u00e9 y si realmente iba a tener alg\u00fan sentido. No se burlaban, me miraban raro. Eso me caus\u00f3 mucha gracia\u201d.<br \/>\nLa conectividad<\/p>\n<p>En los 90, internet reci\u00e9n estaba dando sus primeros pasos. La conectividad, asegura, \u201cfue un tema dur\u00edsimo\u201d. Primero pens\u00f3 en conectar todo telef\u00f3nicamente, como se hac\u00eda en las casas particulares que tuvieran una pc, pero se dio cuenta de que las m\u00e1quinas iban a ser muy lentas. Necesitaba lo que se llamaba \u201cconectividad punto a punto\u201d, es decir, el cable. No fue f\u00e1cil.<\/p>\n<p>\u201cMe acerqu\u00e9 a la empresa Startel. Me hab\u00eda enterado de que era la m\u00e1s importante. Fui, llev\u00e9 una carpetita con todas las obras del local, que ya casi las terminaba, y me recibieron cuatro directores. Era como encontrarte con Don Isidoro Ca\u00f1ones [por el personaje de historietas]: viejos carcamanes, todos de traje, bigotes largos&#8230; Me dijeron: \u2018No, muchacho. Internet no es para vos. Startel provee a las grandes corporaciones. Jam\u00e1s te lo vamos a dar, la gente no va a usar internet, esto es para las empresas\u2019\u201d, relata.<\/p>\n<p>Crey\u00f3 que ese era el final, que no iba a poder abrir: \u201cFue una semana de lucha. Yo pens\u00e9 que ya estaba, tiraba las computadoras. No hago nada. No tengo internet\u201d. Habl\u00f3 con un conocido que se comunic\u00f3 con Alicia Ba\u00f1uelos, quien coordinaba el proyecto de informatizaci\u00f3n del Ministerio de Econom\u00eda. Ella se contact\u00f3 con Avaca y le asegur\u00f3: \u201cVos vas a poner un bar con internet. La Argentina necesita internet\u201d. Volvi\u00f3 a hablar con la gente de Startel. Lo atendieron las mismas personas, pero, esta vez, le dijeron que lo hab\u00edan pensado mejor, que hablaron con Alicia y que ten\u00eda raz\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201cLos retaron tanto que me regalaron el servicio. \u2018No te vamos a cobrar nada, quedate tranquilo\u2019, me dijeron. Y a partir de ah\u00ed tuve conectividad con la empresa. Me pusieron una antena parab\u00f3lica en el techo. Vinieron con la gr\u00faa. Lo \u00fanico que tuve que hacer fue poner un logo en el cartel al lado del nombre, American Cyber Caf\u00e9, que dijera \u2018Hewlett-Packard\/Startel\u2019. Tuve mucha suerte con eso\u201d, asegura.<\/p>\n<p>Apertura y cierre<\/p>\n<p>Como la historia hab\u00eda llegado a los medios, el d\u00eda de la inauguraci\u00f3n se encontr\u00f3 el local lleno de canales de noticias y de cronistas de radio. \u201cHab\u00eda un mont\u00f3n de noteros. Fue un d\u00eda muy largo. Se sumaba la gente que quer\u00eda navegar por internet. Fue una semana tan dura, que tuve que poner un numerador, como si fuese cualquier comercio, para que la gente saque n\u00famero y espere. Yo no sab\u00eda que iba a tener esa explosi\u00f3n, y tuvimos que poner un cartel en las computadoras que dec\u00eda que se pod\u00edan usar por media hora si no hab\u00eda demanda, porque la gente se sentaba en las mesas comunes a esperar a que se liberaran. Todo el mundo quer\u00eda navegar por internet, saber qu\u00e9 era eso\u201d, explica<\/p>\n<p>Una vez ah\u00ed, ya asentados en las computadoras, los usuarios no sab\u00edan bien qu\u00e9 hacer. Avaca hab\u00eda conseguido una gu\u00eda de p\u00e1ginas web de Estados Unidos, en donde aparec\u00edan sitios de museos, universidades, instituciones gubernamentales. Se acuerda del impacto, de lo que gener\u00f3, como si hubiese sido ayer. El bar cerraba a las 4 de la ma\u00f1ana. Ten\u00eda que echar a la gente para limpiar y que el personal pudiera irse.<\/p>\n<p>American Cyber Caf\u00e9 estuvo abierto por seis a\u00f1os. Despu\u00e9s, como a muchos, lo agarr\u00f3 la crisis de 2001, sumado a que ya hab\u00eda varias versiones y \u201ccopias\u201d de ese modelo que \u00e9l inaugur\u00f3, locutorios y diferentes ofertas. No era lo mismo: \u201cAl principio, la gente no sab\u00eda qu\u00e9 buscar. Despu\u00e9s se empez\u00f3 a purgar y ya ven\u00edan especialmente a generar sus cuentas de correo electr\u00f3nico, porque muchos no ten\u00edan computadoras y necesitaban un mail para comunicarse con alguien al otro lado del mundo. Nosotros les cobr\u00e1bamos una cuota mensual, que no era mucho dinero, y les chequ\u00e9abamos el mail. Es decir, si la persona no pod\u00eda venir, me llamaba por tel\u00e9fono para ver si ten\u00eda mensajes, porque muchos se acercaban de todas partes de Capital y del Gran Buenos Aires\u201d.<\/p>\n<p>Muchos de quienes vivieron en carne propia ese momento todav\u00eda recuerdan a Jorge y al bar, la posibilidad de conocer lo que parec\u00eda un mundo completamente nuevo y de poca accesibilidad en el pa\u00eds. As\u00ed puede verse en los comentarios que le dejan en redes. Hay uno particular que le dice: \u201cJorge, tu local fue mi primer contacto con internet. Fue m\u00e1gico que sea ah\u00ed, en un lugar tan lindo, c\u00f3modo. Yo viajaba desde Moreno con un amigo, despu\u00e9s tambi\u00e9n con varios amigos y familia. Ten\u00eda 15 a\u00f1os y disfrutaba mucho de ir a American Cyber Caf\u00e9. Es parte de mi vida, dado que termin\u00e9 trabajando en Sistemas, vinculado siempre con internet, y obviamente el cyber fue un hito en mi vida que lo recuerdo siempre\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cLa gente no va a usar internet\u201d. En una esquina de Belgrano, con 10 computadoras, fund\u00f3 el primer cibercaf\u00e9 de la Argentina \u201cA m\u00ed me gusta hacer cosas originales. 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