La excesiva exposición en Internet daña la intimidad de niños y adolescentes. Definido por la antropóloga argentina Paula Sibilia como extimidad, la difusión pública en redes sociales de sus aspectos más reservados o personales es un hábito peligroso en el que incurren para obtener la aprobación de otros jóvenes.
Esta cultura digital naturalizó la sobreexposición. Toda franja etaria, incluyendo adultos mayores, comparte detalles íntimos -hasta hace poco tiempo atrás reservados a un exclusivo círculo familiar o de amistad- ante millones de usuarios como parte esencial de su interacción en el mundo virtual.
No se trata de una moda inofensiva, implica peligros porque los menores suelen compartir contraseñas e información sensible, aceptar solicitudes de amistad de desconocidos y expongan detalles privados de sus familias.